
Cronología Mayo del 68: ¿Que ocurrió aquel Mayo Francés de los días de vino y rosas?
19 de abril:
Una manifestación de solidaridad con los estudiantes alemanes, después del atentado contra Rudi Dutschke, agrupa a 2.000 estudiantes en el barrio Latino.
21 de abril:
Un comando del grupo Occidente ataca el anexo de la Sorbona, en momentos en que se desarrolla una asamblea extraordinaria de la UNEF donde el secretario general, Jacques Sauvageot, militante del PSU asume interinamente las funciones de presidente.
22 de abril:
Una manifestación organizada por la UEC reúne 5.000 personas que desfilan por el bulevar Saint-Michel para manifestar su apoyo al pueblo vietnamita.
26 de abril:
En Nanterre, en el anfiteatro “Che Guevara”, tiene lugar una asamblea general del Movimiento 22 de marzo. Entre otras acciones, se programa una serie de jornadas de lucha contra el imperialismo.
27 de abril:
Daniel Cohn-Bendit es detenido por la policía al salir de su casa y conducido a la comisaría de Nanterre donde se lo somete a un interrogatorio. Luego acompañado a su domicilio donde se procede a un allanamiento.
28 de abril:
200 miembros de los comités “Vietnam de base” desmantelan una exposición organizada por el “Frente Unido de Apoyo al Vietnam del Sur”. Ese mismo día el grupo Occidente publica un comunicado amenazador: “Ya que los marxistas quieren guerra, la tendrán. Todos nuestros militantes han sido movilizados. De aquí a una semana exterminaremos a la lacra bolchevique”.
2 de mayo:
En Nanterre, comienza la primera jornada anti-imperialista organizada por el Movimiento 22 de marzo. Situación tensa. Cohn-Bendit, junto con otros seis militantes del movimiento son amenazados de expulsión por su actividad política dentro de la facultad, y citados a comparecer ante un tribunal universitario. Se espera un ataque del grupo Occidente; la organización de extrema derecha ha hecho venir refuerzos de la provincia. Los estudiantes instalan un verdadero dispositivo de alerta y prosiguen con el acto. El decano anuncia la decisión de clausurar la facultad. La policía, a pedido de las autoridades, desaloja el lugar y practica detenciones.
La semana rabiosa
Viernes 3 de mayo:
Movilización estudiantil desde la mañana en el patio de la Sorbona. Acudiendo al llamado de las organizaciones estudiantiles se desarrolla un acto en solidaridad con los compañeros de Nanterre. Toda la mañana transcurre en calma. Ese mismo día, Geoges Marchais, miembro del bureau político del Partido Comunista, denuncia en “L´Humanité” a “los pequeños grupúsculos izquierdistas” y agrega: “Es necesario combatirlos y aislarlos..., se trata, en general, de hijos de grandes burgueses...” son “pseudo-revolucionarios”, entre los que se encuentra “el anarquista alemán Cohn-Bendit”.
A las 15 hs., el grupo Occidente baja por el bulevar Saint-Michel: cien manifestantes armados con cachiporras y cascos, al grito de “Vietcong asesino” y emblemas del movimiento fascista. Se encaminan hacia la Sorbona. La policía interviene sin practicar detenciones y desvía la columna. Para proteger la facultad, los estudiantes organizan grupos de auto-defensa que se instalan en las puertas de acceso. A las 15.30, la policía cerca la Sorbona. En el interior, los estudiantes exigen un anfiteatro para continuar su acto y rechazan la demanda de la administración de abandonar el lugar. El rector Roche pide a la policía que bloquee el acceso a la facultad: ya ningún otro estudiante podrá entrar. La Unión de Estudiantes Comunistas reparte entretanto un volante, denunciando las provocaciones de los grupúsculos de extrema izquierda; su actitud provoca el abucheo de la mayor parte de los presentes. A las 16, segunda entrevista con la administración; segunda conclusión: la policía no sólo impide el acceso a la Sorbona, tampoco permite salir a nadie. Negada la autorización para reunirse en un anfiteatro los estudiantes organizan un “sit-in”, discutiendo las formas de acción y las perspectivas del movimiento estudiantil. Se discuten los últimos acontecimientos en Nanterre. 16.45: el rector Roche solicita la intervención de la policía. Trescientos guardias móviles armados con bastones irrumpen en el patio. Para limitar los incidentes y evitar la provocación, los estudiantes envían una delegación a parlamentar con los oficiales. Estos prometen que todos podrán salir libremente, sin ser molestados, si lo hacen en completa calma. El servicio de orden de los estudiantes forma un cordón entre sus camaradas y las fuerzas de policía para evitar incidentes. La promesa no se cumple; apenas se efectúa la salida, en calma como se había previsto, la policía establece un cerco y 527 estudiantes son detenidos son detenidos y embarcados en los carros de asalto. Todo se desencadena, en momentos en que parten los primeros carros, en la plaza de la Sorbona. Espontáneamente se forman grupos de manifestantes: estudiantes que no participaban en el acto, provenientes de la biblioteca, jóvenes que salían de los liceos, transeúntes, reaccionan ante la presencia policial en la facultad y las detenciones en masa. Bruscamente se despierta un sentimiento de solidaridad con los compañeros arrestados. La policía carga para despejar la plaza; los manifestantes, poco numerosos, retroceden hacia el bulevar Saint-Michel. Muchos otros estudiantes comienzan a llegar al lugar, ante las noticias de la radio, conscientes de la gravedad de la situación. Durante toda la tarde se multiplican las reacciones en cadena. Las manifestaciones nacen espontáneamente, una provoca a la otra. Grupos dispersos, bloquean el tránsito, hostigan a la policía tirando piedras, arrancando el enrejado protector de los árboles, recogiendo del suelo las granadas y devolviéndolas. Los grupos se disgregan y vuelven a formarse espontáneamente. Sus slogans: “¡Muera la represión!” “Liberen a nuestros camaradas” “Gaullismo-dictadura”. Por la radio, el ministro Peyrefitte se muestra optimista: “Sólo se trata de un puñado de agitadores”. Al anochecer. Brigadas de choque de la policía recorren el barrio Latino: todo civil es un sospechoso. Todo joven puede ser un estudiante: lo maltratan o apalean. La Sorbona es clausurada y a partir de ese día permanece custodiada por fuertes efectivos policiales. Por la noche, se reúnen las organizaciones estudiantiles y discuten en torno a la acción a seguir. Se lanza la orden de huelga general en todas las universidades del país, exigiendo la satisfacción inmediata y simultánea de tres puntos: 1) Libertad de los estudiantes detenidos. 2) Reapertura total de las facultades. 3) Retiro de las fuerzas policiales del barrio Latino.
Sábado 4 y Domingo 5 de mayo:
Refuerzo del dispositivo policial en todo el barrio Latino. El tribunal judicial condena a cuatro estudiantes a penas de prisión. Las organizaciones estudiantiles preparan la movilización general inicialmente prevista para el lunes en la Sorbona. Se llama a los estudiantes a constituirse en comités de acción. La agitación cunde por la provincia. “L´Humanité” invita “a considerar las graves consecuencias a las que conduce el aventurerismo político aun cuando se disfraza tras una fraseología revolucionaria”.
Lunes 6 de mayo:
Casi unánimemente los 600.000 estudiantes de Francia acatan el llamado a la huelga general. Por la mañana, acatan el llamado a la huelga general. Por la mañana, breves choques con la policía. Por primera vez, se difunden panfletos llamando a la solidaridad obrera. Se insiste en la formación de los comités de acción. Al mediodía, acto en la Facultad de Ciencias; a continuación una gran manifestación por la orilla derecha del Sena hasta la puerta del edificio donde se halla reunida la Comisión disciplinaria de la Universidad que debe juzgar a Cohn-Bendit y sus compañeros. Los siete acusados se presentan ante la Comisión con el puño en alto, cantando La Internacional. La Comisión se reserva el derecho de deliberar al día siguiente. Por la tarde 10.000 estudiantes al grito de “Somos un grupúsculo”, llegan al barrio Latino. La policía interviene provocando los primeros encuentros violentos, especialmente en la plaza Maubert, donde el enfrentamiento –verdadera guerra de posiciones- dura varias horas. Por circulares se explica la táctica de defensa contra la policía y la estrategia genrarl de las manifestaciones, que resulta de gran eficacia. A las 18.30, reunión en Denfert-Rochereau, luego una columna en marcha que aumenta sin cesar hasta llegar a Saint-Germain-des-Près, donde pueden contarse alrededor de 20.000 manifestantes. Allí, la policía carga. Se constituye la primera barricada con adoquines y automóviles; los manifestantes se defienden, multiplicando las iniciativas contra la brutalidad policial que utiliza, por primera vez, ácido diluido en las autobombas y gas asfixiante (letal en fuerte dosis). Los estudiantes aprovechan su excelente conocimiento del terreno. Disponen de estafetas motorizadas que controlan los desplazamientos de la policía. A imitación de los estudiantes japoneses, adoptan un paso gimnástico acompañado de gritos, que permite cambiar rápidamente de dirección para desorientar al adversario. Comandos de estudiantes se organizan en número creciente. Se establecen cadenas de aprovisionamiento de proyectiles, bombas caseras, etc. La población, solidaria con los estudiantes, brinda todo tipo de ayuda. Frente a la eficacia de estos métodos, la policía se ve desbordada e impotente. Al anochecer, Alain Peyrefitte, mediante un mensaje radial, insiste que la agitación que sacude a París no tiene nada que ver con lo sucedido en Berlín, Roma o Madrid. Mientras tanto, continúan los combates, y los heridos entre policías y manifestantes suman 800.
Martes 7 de mayo:
Estado de sitio en el barrio Latino. En los colegios secundarios se desarrollan numerosas acciones por parte de los CAL (Comités de Acción de Liceos). Por la tarde, a las 18.30, comienza la “larga marcha” de 25 Km., organizada por la UNEF y el SNESup y el Movimiento 22 de marzo. La manifestación dura hasta medianoche, atravesando toda la ciudad. En la columna ningún cartel partidario, sólo una leyenda en medio del desfile: “Viva la Comuna”; al frente del cortejo una hilera de banderas rojas. Los diputados y ministros gaullistas contemplan con angustia a 40.000 estudiantes –entre los que se ven muchos obreros- que remontan los Campos Elíseos cantando La Internacional. Sobre el Arco de Triunfo, se ven confraternizar las banderas negras con las rojas. Por primera vez cunde el pánico. Un informe del jefe de policía expresa que el servicio del orden se ha visto desbordado. La manifestación, muy fluida, muy móvil, muy numerosa, no pudo ser controlada. Las fuerzas del orden ya no hablan de manifestación sino de revuelta (cuarenta y ocho horas más tarde emplearán el término insurrección). La manifestación impresiona por su disciplina. Entre los dirigentes de las centrales obreras reina el estupor. La CGT desconfía de los “aventureros”. La CFDT se mantiene a la expectativa, pero centenares de llamados telefónicos se concentran sobre las centrales sindicales. Provienen de los responsables de los sindicatos de base y anuncian que los obreros están listo para unirse a los estudiantes en sus manifestaciones por el barrio Latino. Los motivos: la represión, pero sobre todo un creciente sentimiento de solidaridad. Otras compañías de CRS llegan de refuerzo a la capital. Una encuesta hecha en los servicios sanitarios revela la sorpresa de que, entre los heridos graves por los choques, hay una mayor cantidad de policías que de manifestantes. Los actos de solidaridad tanto en el interior como en el extranjero se multiplican.
Miércoles 8 de mayo:
“L´Humanité” acusa al gobierno. Los diputados comunistas reclaman la amnistía para todos los condenados. Primera declaración oficial de la dirección del Partido Comunista. La nueva línea es confirmada: la declaración denuncia al gobierno, la represión y “el sistema de enseñanza inadaptado”. Por la tarde, acto en la Facultad de Ciencias. La mayoría de los concurrentes no parece querer aceptar fácilmente el repentino vuelco de las direcciones y organizaciones políticas que hasta un día antes vituperaban al movimiento. Los manifestantes, después de algunos discursos de los sindicalistas, gritaban: “oportunistas”. A continuación del acto, en el que participaban Alfred Kastler y Jacques Monod, premios Nóbel de medicina, una manifestación emprende la marcha hacia el barrio Latino. Cerca de 20.000 personas. Frente al Luxemburgo se da la orden de dispersión, provocando entre los manifestantes decepción y descontento. Se forman grupos de discusión: los manifestantes no admiten que su movimiento sea “utilizado, recuperado o castrado” por fuerzas políticas que le son ajenas, y “que pretenden únicamente reforzar su oposición al gaullismo a beneficio exclusivo de la socialdemocracia”.
Jueves 9 de mayo:
“L´Humanité” habla de “la justa causa de los estudiantes”. Por la mañana, frente a la reacción de una gran cantidad de militantes, la UNEF y el SNESup hacen su autocrítica, en lo que concierne a la orden de dispersión dada la víspera. El gobierno anuncia que tanto Nanterre como la Sorbona serán reabiertas “progresivamente”. A las 14, la policía comienza a dejar pasar a los estudiantes hacia la plaza de la Sorbona, previo control. Rechazando este “filtraje” y esta psudo-apertura, reafirmando los tres puntos inmediatos del movimiento, los estudiantes realizan espontáneamente y durante varias horas un “sit-in” en el bulevar Saint-Michel, frente a la plaza de la Sorbona. G. Séguy, secretario general de la CGT, y E. Descamps, secretario general de la CFDT, se presentan personalmente en la sede del sindicato estudiantil. Por su parte, solo y por razones personales, el escritor Louis Aragón, miembro del comité central de PC, baja al bulevar Saint-Michel. Recibido con silbidos e insultos habla con los estudiantes pero rehúsa explicar la actitud que ha tenido su partido desde los primeros días frente al movimiento. Hacia la tarde, dispersión. Al anochecer, tienen lugar discusiones en el edificio de La Mutualidad, en ocasión de un acto inicialmente programado por la JCRmbajo el lema: “La juventud, de la revuelta a la revolución”, y ahora extendido a todo el movimiento. Participan numerosos delegados estudiantiles de Alemania, Italia y Bélgica. Se discute sobre la acción a seguir por el movimiento. De la unidad de acción de las organizaciones revolucionarias y dde la necesidad de encontrar formas flexibles de organización. Hacia la madrugada continúan las discusiones. Jacques Sauvageot, líder de la UNEF, al hablar de ciertos grupos que participan en la acción, expresa quye tanto la FER[ (trostkista) como la UJCML (pro-chinos) comparten una común rigidez que les impide integrarse completamente en la dinámica del movimiento.
Viernes 10 de mayo:
En Nanterre, por la mañana, los militantes del Movimientos 22 de marzo ocupan la facultad que ha sido reabierta. Una numerosa manifestación alcanza por la tarde el barrio Latino. Se levantan barricadas. Esa noche se entablan los combates más violentos. La “noche de las barricadas” conmueve al país por lo sangriento de la represión y la heroica resistencia de los manifestantes. Fue la chispa que desncadena el movimiento popular. Balance de la lucha durante esa noche: 500 detenidos, un millar de heridos, 200 automóviles incendiados, el barrio Latino arrasado.
Sábado 11 de mayo:
Respondiendo al llamado de los estudiantes y por la presión de las bases, las centrales obreras deciden la huelga general en toda Francia, para el lunes 13 de mayo. Militantes de los comités de acción ocupan el Centro Censier, anexo a la Facultad de Letras: discusión permanentes en las comisiones y anfiteatros. Más de mil jóvenes oberos realizan una manifestación en dirección al barrio Latino para expresar su solidaridad con los estudiantes. Muchos participan, durante la noche, en los debates organizados en Censier. Pompidou, recién llegado de Afganistán, habla por televisión: “He decidido que la Sorbona será abierta definitivamente el lunes”. Anuncia que habrá amnistía para los estudiantes detenidos y que el gobierno activará las reformas necesarias en la Universidad. Intenta retomar la situación en sus manos; la maniobra fracasa. El movimiento rechaza las pseudo concesiones del gobierno; éste espera los acontecimientos.
Domingo 12 de mayo:
Dirigentes de sindicatos obreros y estudiantiles se reúnen para ajustar detalles para el gran desfile popular que se celebrará el día de huelga.
Lunes 13 de mayo:
París, conmocionada por la resistencia heroica de los estudiantes, contempla la más grande manifestación de masas organizada desde la Liberación. De las 13 a las 21 hs., casi un millón de franceses desfilan a través de la ciudad ocupando la calle desde la plaza de la República a la plaza Denfer-Rochereau. Se entonan slogans de todo tipo, violentos, políticos o humorísticos: “Buen aniversario, mi general”, “Diez años es duficiente”, “Pompidou al inodoro”, “De Gaulle asesino”, “Gobierno popular”, “Una decena de iracundos”. Estudiantes, obreros, profesores, artistas, marchan con el puño en alto, cantando La Internacional. Abundan las banderas rojas y negras y millares de carteles evocando todos los problemas: la represión, los CRS, de Gaulle, la solidaridad obrero-estudiantil, la Universidad, el poder en la calle, la juventud, la desocupación... El ambiente varía según el lugar: gritos frente al Palacio de Justicia, donde la Corte de Apelación acaba de decidir la libertad provisoria de los estudiantes detenidos. Sorprendente silencio a la entrada del barrio Latino, cuando el desfile se aproxima a los lugares donde ocurrieron las más sangrientas batallas estudiantiles. En todo París, no se observan policías ni guardias móviles; sólo helicópteros del ejército sobrevuelan la ciudad. Más tarde, los estudiantes ocupan la Sorbona y establecen allí debates permanentes. En la cúpula ondean tres banderas: la roja, la negra y la del vietcong. Nuevas consignas: proseguir la huelga, boicotear los exámenes, ocupar las facultades, llevar la agitación a la joven generación obrera. “Si no somos capaces de establecer el contacto con los obreros, la Sorbona se transformará en un ghetto y todo se perderá”.
Martes 14 de mayo:
Manifestaciones estudiantiles y grupos de los comités de acción parten hacia las fábricas llevando consignas: “Los obreros deben tomar la bandera de lucha de nuestras frágiles manos”.
Miércoles 15 de mayo:
En la fábrica Renault, 200 obreros jóvenes se encierran por la tarde, después del trabajo, en los locales abandonados, secuestrando a los directores en su oficina, pasando la noche en el lugar. Al día siguiente, la inmensa mayoría se pliega a la ocupación de la fábrica. Esta acción imprevista sorprende al estado mayor sindical. Los obreros pasan a la ofensiva. A partir de entonces, la fábrica Renault, “la Nanterre obrera”, se transforma en el símbolo del más vasto movimiento de huelga que haya conocido el país. En una semana y sin ninguna coordinación sindical, Francia queda absolutamente paralizada: diez millones de obreros se han lanzado a la huelga.